Encendiendo motores

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Argentina debe encender el motor de los trabajadores (43)

Por Mario Mazzitelli para Argentina en Red

Algunos debates de este tiempo

El debate sobre si más o menos Mercado o Estado, lo podríamos ejemplificar imaginando una bicicleta: tiene dos ruedas, pedales con los que se transmite el movimiento y un manubrio para conducir).

Unos afirman que la rueda delantera debe ser el Estado (dado que marca la orientación del desenvolvimiento estratégico de la comunidad toda, y así queda el manubrio en manos de quien decida el pueblo, toda vez que haya democracia. Así el poder político se eleva sobre las contradicciones inherentes a la sociedad, orientándola hacia el bienestar general.   El Mercado debe ser la rueda trasera (porque su objetivo excluyente es optimizar la tasa de ganancia del capital y no logra dar respuesta a decenas de cuestiones esenciales).  

Otros sostienen que la rueda delantera debe ser el Mercado (porque en él habitan los sectores de la innovación, el cambio permanente, la adaptabilidad rápida a las nuevas condiciones) y el Estado la de atrás (se denomina “principio de subsidiaridad del Estado”, y, bajo este principio, el Estado solo hace lo que no le interesa a los privados o funciona para aquello que tienen baja competencia, por ejemplo: la administración de Justicia, Defensa, Seguridad… En este caso los grandes empresarios (que son el Poder Económico) se hacen cargo del manubrio, dejando al poder político la tarea de gestionar las cuestiones menores). 

“El Pensador” dibujo efectuado por Franz Kafka, entre 1903y 1905, cuando estudiando la carrera de Derecho se entretenía garabateando figuras y caras en los márgenes de sus cuadernos.

Una particularidad del Mercado, es su creciente financiarización. Es decir, dentro de todas las ramas del capital, el financiero se vuelve hegemónico; subordinando al resto. Incluso al factor trabajo. De esta manera la *bicicleta financiera* no es solo un área de la economía circunscripta a los bancos, especuladores de bolsa, contra la moneda, etc.; sino la característica de toda la economía, parasitando a toda la sociedad. Un poco es lo que pasa hoy con el gobierno incompetente. 

Algunos defienden el Monociclo (que tiene una sola rueda, un asiento y pedales con los que se da movimiento y equilibrio, y que no tiene manubrio ni frenos). Esto lo hace apto para espectáculos circenses, pero difícilmente nos crucemos con uno en la calle, dada su enorme inestabilidad. El estatismo exagerado sería un ejemplo (100% en manos del Estado, porque logra una planificación ajustada a las necesidades del pueblo). Pero hoy no aparece en la escena política mundial. En el otro extremo aparece el anarcocapitalismo (que pone de relieve al Mercado en un 100% , porque sus operaciones son exactas, dado que resultan del libre consentimiento de las partes, y tiende a un equilibrio perfecto). Tampoco hay ejemplos en la política internacional, pero apareció como experimento en Argentina. Plantea la extinción del Estado (sobre todo cuando el manubrio está en manos de otros) y trata de avanzar hacia el minarquismo en etapas sucesivas (algo así como la reducción permanente del Estado). Sintetizando, de lo anterior podríamos definir cuatro fórmulas: 1. Más Estado y menos Mercado. 2. Más Mercado y menos Estado. 3. Todo el Poder al Estado y 4. Todo el Poder a los Capitalistas. 

Otra propuesta

Todos los debates son válidos. El asunto es el ámbito.

Así un ágora sobre filosofía, un ámbito académico, un grupo de whatsapp o un cafetín (“en tu mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas, yo aprendí filosofía, dados, timba y la poesía cruel…”) van tirando ideas (locas o sensatas, revolucionarias o conservadoras…) cuyo destino futuro desconocemos. 

Nuestro asunto particular es que, de una mente fallada pueden emerger soluciones imaginarias, pero nunca reales. En ese problema nos hemos metido solos, como pueblo. Más allá de lo que hayamos votado individualmente. Y el inconveniente que tenemos hoy es dar respuesta a una realidad compleja (como la pobreza, la indigencia, el derrumbe de las capas medias, de la actividad económica, la desocupación, el dolor, las injusticias, etc.) en un mundo complicado con guerras, hambrunas, crueldades, etc.

Para empezar, intervengo en este debate con sencillez, dejando para una próxima entrega la profundización del asunto.

Foto gentileza perfil.com, 25/11/2023

El triciclo para el despegue

Triciclo: Este artefacto tiene tres ruedas, una delantera y dos traseras, pedales y un manubrio. Tiene una estabilidad que no logran la bicicleta y menos el monociclo. Propongo que abordemos una propuesta política definiendo: 

a. La rueda delantera es el Estado (que además de la prestación de los servicios esenciales, planifica estratégicamente, interviene en la producción de bienes (como barcos, ferrocarriles, aviones, material militar, entre otros) y se reserva el dominio primario (en representación del pueblo argentino, sobre todo el territorio nacional, etc.).

b.- La rueda trasera derecha es el espacio del Mercado (representado por las empresas privadas, con mínimas regulaciones y plena libertad para el desarrollo de las fuerzas productivas, etc.) y 

c.- La rueda trasera izquierda es la economía Social (representada por el cooperativismo, las economías familiares, la agricultura de diverso tipo, las ferias de intercambio, artesanías, oficios, difusión de las nuevas tecnologías, etc). Hay una masa de compatriotas cada vez más grande, que no será absorbida por la industria -aunque la debamos revitalizar.- Sucede que los procesos de automatización, informatización, y robotización, entre otros, cada vez demandarán menos mano de obra (ni por el Estado, donde va a ocurrir algo similar).

Entonces, el desafío no es poner una rueda contra otra y jugar (como el actual gobierno a los autitos chocadores) sino alinearlas de cara al porvenir cercano, de manera tal que entre ellas se genere una sinergia, armonía, concordancia, que permita encender todos los motores de la economía para salir del estancamiento (una suerte de lodo o arenas movedizas en las que cuanto más confrontamos más nos hundimos). Reconozco la existencia de contradicciones insalvables, pero el tiempo histórico nos exige un acuerdo político para poner en marcha todos los motores y arrancar. En el camino iremos corrigiendo.

El primer motor a encender es el alma de los que trabajan

El componente dinámico de los tres grandes espacios mencionados es el pueblo trabajador, el factor humano. El espíritu de ellos es el espíritu de la Nación. Alicaído, desanimado, resignado, desorientado; hoy se mueve rutinariamente como quien sobrevive, mientras busca su destino. Encenderlos es la piedra angular de nuestro despegue. ¿Por dónde empezar? Por la participación y el protagonismo activo. Ofrezco esta mirada. 

Tierra, trabajo…

Tierra, trabajo y herramientas son el crisol creador de los bienes y servicios para la vida. La fuente del valor y la riqueza. Tierra y trabajo, podríamos sintetizar (porque las herramientas de todo tipo -algunos la llaman capital- son creaciones del trabajo). En Argentina, tenemos tierra en abundancia con todo lo necesario para un gran encendido de motores. El trabajo, en cambio, está desaprovechado. Al igual que el herramental que está desactualizado, deteriorado o es insuficiente. Como el  factor activo para la creación de todo lo que nos falta es el trabajo y la inversión, en ellos tenemos que poner el acento. Dicho de otra manera, la riqueza que nos falta (para brindarle bienestar a la población) viene del trabajo o no viene. Las inversiones parasitarias, especulativas, cortoplacistas (financieras y de saqueo de nuestros bienes naturales, que promueve el Ministro de economía) pueden resultar en un alivio transitorio, pero nos condenan a agudizar la pobreza en el mediano y largo plazo. Por eso, a los planes parasitarios y de saqueo vigentes, debemos reconvertirlos (con inteligencia y astucia) en planes para el trabajo y la inversión.

El papel de los trabajadores en esta etapa histórica

En lo relativo a la participación, control y colaboración de los trabajadores, nuestra Constitución Nacional dice que: (…) tendrán la participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección…”.

Cooperar en la dirección de las empresas, controlar la cantidad y calidad de la producción y participar en las ganancias. Es un mandato sabio de nuestra Constitución Nacional. Respetar su texto es un deber ineludible. Y aprovechar la oportunidad para encender motores es una necesidad histórica.

¿Qué es lo que impide que esto se cumpla, aunque figure en el texto desde 1957 y fuera  ratificado en 1994? La desconfianza. ¿Abrir los libros de la empresa? ¿Mostrar los números? ¿Dejar ver las ganancias? ¿Cómo ocultar la fuga? ¿Transparentar la evasión o elusión impositiva? ¿Ser sometidos a la extorsión de dirigentes turbios? Hace décadas que se elude la realización de este mandato porque hay recelo entre las partes, y nadie quiere arriesgar. 

Ganar y ganar

Sin embargo hay una posibilidad de transformar la participación en un actor central para el desarrollo futuro del país. Es una propuesta de ganar y ganar. Ganan los empresarios, los trabajadores, los consumidores, el ambiente, el mercado y el Estado. Orientar todos los factores en una misma dirección y sentido es la clave, (con las críticas por derecha y por izquierda que esto puede suscitar).

El lado práctico de la ética

En un excelente libro, Bernadro Kliksberg desarrolla los beneficios de “La ética para empresarios” y la responsabilidad social de las empresas (RSE). Kliksberg pone el acento en la responsabilidad de Milton Friedman (máximo exponente de la Escuela de Chicago) cuando en nombre del neoliberalismo señala que “La (única) responsabilidad social de las empresas es aumentar las utilidades”, y “(…) la responsabilidad social empresarial es puro socialismo”. Un destacado académico le respondió: “Friedman excomulgó a los líderes empresariales que estuvieran preocupados por sus empleados, la comunidad y el medio ambiente. Sus teorías tuvieron una monumental influencia sobre generaciones de economistas y ejecutivos que siguieron su filosofía”.

Las distorsiones que esta teoría (alucinada por el dinero) trajo al mundo de los negocios, se verificaron en crisis empresariales y económicas que exceden las pocas líneas de las que disponemos. Digamos que la ética de los empresarios es condición ineludible para el éxito de esta propuesta. Pero también la ética superlativa de los trabajadores. Incorruptibles, inteligentes y comprometidos económica, social y ambientalmente. Esos son los trabajadores que deben ascender dentro de las empresas. Más la ética pública, sin la cual nada se puede garantizar. Y la ética social, para el control sano del desarrollo económico por parte de la sociedad. Ética empresarial, de los trabajadores, del Estado y la sociedad.

De manera tal que, la disciplina de la ética (que la viveza criolla elude sistemáticamente) se transforma en un nervio inmaterial e intelectual fundante de una nueva etapa.

Está visto que desvincular el desarrollo de la ética, transitando el atajo de las ventajas menores, es un lastre insoportable. Si no queremos ser honestos por el “amor” a la acción bienhechora de las personas, seamos honestos por el “espanto” que nos causa la corrupción. Sintetizando: la cooperación inteligente, en un marco de confianza es la condición para sacar el país adelante. La confrontación exagerada de las partes nos induce a viajar de frustración en frustración, sin encontrar una salida que nos entusiasme. 

Comentarios finales para evitar confusiones

Soy socialista, pero no dejo de ver que el debate capitalismo vs socialismo, es retroceder un siglo. EE.UU. es el país capitalista por antonomasia, sin embargo el motor más importante de su economía es el Estado con un 36,26% del gasto sobre su PBI.  China es la experiencia socialista más grande de la actualidad, siendo el peso de su estado del 33,40%/PBI. Ni EE.UU. es tan capitalista como algunos propagandistas pintan, ni China es tan socialista. Ambos modelos tratan de tener encendidos todos los motores: Estado, mercado, etc. Y en ambos lugares, desde el desarrollo económico, su despliegue tecnológico, su inserción en el mundo, hasta la orientación política hacia una nueva arquitectura de sociedad (simplificando más o menos justa), transitan por el Estado.

Todos estamos en transición

Todas nuestras sociedades están en etapa de transición. Nada nuevo decimos. Heráclito de Efeso (500 a.c) afirmó que: “No es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque nuevas aguas corren siempre sobre ti”. Parafraseándolo: “No es posible levantarse dos mañanas en la misma sociedad, porque el flujo de la historia hace que haya muchos cambios en 24 horas”. 

El asunto es definir los principios y valores que consideramos más sanos  (dentro de nuestras humildes fuerzas) para empujar la historia hacia ese lugar. La fraternidad, la igualdad, la libertad, la dignidad, el respeto, la autodeterminación, son fuerzas morales y principios que brotan con cierta naturalidad. Son valores a cuidar y cultivar para evitar los abusos, la explotación, la degradación, etc. Para que el hombre no sea el lobo del hombre, ni el destructor de la biosfera. Por otro lado, hay fuerzas materiales, productivas, creadoras de riqueza, que tienen una vitalidad enorme. Imponen un vector unidireccional del tiempo, hacia adelante, hacia el futuro. Son fuerzas desalmadas. Como tal, destructivas. En el marco de esa lucha nos movemos. Cargados de contradicciones y con final incierto.  

Dios ciega a quienes quieren perder

Dice la Biblia que Edith, la mujer de Lot, se convirtió en estatua de sal. Según esta historia el ángel le dijo que tenía el permiso de salir de la ciudad, con la condición de no mirar hacia atrás. No obstante, “miró atrás y se convirtió en estatua de sal”. Los argentinos nos la pasamos mirando para atrás. El presidente sueña con retrotraernos a las épocas de mayor injusticia social, a las que reivindica omitiendo el lado oscuro, trágico y doloroso de aquella realidad. Pero también nosotros exageramos la mirada en el espejo retrovisor. No estamos convertidos en sal, pero estamos estancados, al punto que algunos economistas dicen que el producto por habitante es equivalente al de 50 años atrás. Encima, como se exacerba el individualismo, el egoísmo y la indiferencia social, se estrechan las posibilidades de revolucionar la economía. Cada uno actuando solo para sí, es una conducta antisocial que lejos de salvarnos nos hunde. Y frente a eso, la mano invisible del mercado nada puede hacer, porque nunca hizo nada. Solo la unidad y una acción inteligente pueden proyectarnos en un camino de grandeza que debemos conquistar. La seguimos.

Mujer de Lot, convertida en estatua sal, al huir de Sodoma.

Sobre nuestra Constitución Nacional:

Art. 14 bis.- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo. El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna_

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